Relatoría del Taller de periodismo cultural en tiempos de pandemia

21 de Octubre de 2020

Relatoría del Taller de periodismo cultural en tiempos de pandemia

El taller, dirigido por Jonathan Levi y Marta Orrantia, reunió virtualmente a periodistas de 13 países, del 14 al 23 de septiembre de 2020.
Dominique Rodríguez Dalvard

Fue inusual el reencuentro de un grupo de periodistas que entre 2013 y 2019 viajaron a Cartagena para formar parte de las siete ediciones de la Beca Gabo de periodismo cultural.

En septiembre de 2020, la Fundación Gabo reunió virtualmente a 13 exbecarios de 13 países para hablar, inevitablemente, del tema de este año peculiar: la pandemia del covid-19 y sus consecuencias en la práctica del periodismo cultural. 

Conducidos por los periodistas y escritores Jonathan Levi y Marta Orrantia, desde Roma, y la crítica cultural estadounidense Soraya McDonald, desde Nueva York, los 13 periodistas convocados al Taller de periodismo cultural en tiempos de pandemia –ejerciendo labores en sus propios medios de comunicación y proyectos personales mientras llevaban a cabo el taller– trabajaron tres versiones de una misma idea acerca de cómo el covid-19 ha transformado la manera de hacer y vivir la cultura en el mundo. 

Reporteros y escritores de Nigeria, México, Chile, Francia, Puerto Rico, España, Rumania, Eslovaquia, Portugal, Bolivia, Brasil, Estados Unidos y Colombia, compartieron sus experiencias en tiempos de pandemia y propusieron desarrollar textos que mostraran no solo la manera cómo ha cambiado el sentido de cubrir cultura en tiempos de confinamiento, pero también cómo se afectan los procesos creativos en medio del encierro y, por supuesto, cuáles son y pueden llegar a ser las consecuencias económicas para la cultura de un tiempo como el que está viviendo el mundo. 

Anclados en este presente y con más de un semestre de experiencia viviendo inmersos en este fenómeno, los cruces personales en el ejercicio del oficio fueron saliendo a la luz de las conversaciones:

¿Qué sucede cuando dejas de cubrir los festivales de cine –que lo mismo es para un evento de teatro, de música, de artes plásticas– en sus ciudades anfitrionas y, de repente, debes hacerlo desde la sala de tu casa gracias a un enlace? ¿De qué manera cambia la experiencia si ya no tienes la retroalimentación del público?

¿Cómo ofreces contenido como periodista si parte de tu ejercicio era conseguir entrevistas exclusivas con los artistas? Y en un sentido más amplio, ¿qué le sucede a la industria cuando el calendario de estrenos se frenó del todo? 

O ¿cómo será la producción de ahora en adelante si ya no puede haber numerosos grupos de personas juntas? ¿Cambiarán los guiones para las escenas de amor o de aglomeraciones? 

Pero también surgieron las reflexiones más íntimas sobre el sentido del encierro, la soledad y el contacto, o falta de él, como detonantes de la creación, así como análisis políticos sobre el estado presente del mundo, de vigilancia y control, con su consecuente fortalecimiento de discursos de odio y su resistencia, siempre activa, a través de los procesos artísticos. 

Un capítulo esencial detrás de todo este panorama fue, claro, la afectación económica a la industria cultural, a gran y pequeña escala, el rol de la financiación estatal de la cultura, la difícil supervivencia y sostenibilidad de los proyectos creativos a mediano y largo plazo y la pregunta sobre el sentido y la transformación de la experiencia artística cuando hay una pantalla de por medio como nos lo exige el mundo actual.  

Bajo este marco, se llevaron a cabo las sesiones del Taller de periodismo cultural en tiempos de pandemia que tuvieron lugar del 14 al 23 de septiembre de 2020 y que giraron alrededor de los temas que se presentan a continuación:

Los cambios que vienen para la cultura con la pandemia

La vida digital: aprender a vivir, sentir y reportar detrás de una pantalla

Cuando la vida, y en particular la vida cultural, cambian de escenario y se limitan a las mismas cuatro paredes, día y noche, la forma de hacer periodismo cambia. Paradójicamente, en un tiempo en el que se busca combatir la insularidad, tanto física como espiritual, estamos más encerrados que nunca. El reto del periodismo es entender este fenómeno del encierro –como testigo y sujeto a la vez– y describir las manifestaciones culturales atravesadas por él. Adicionalmente, el cambio de la perspectiva, hacia una mirada bidimensional y a la escala de una pantalla, será una nueva forma de analizar los espectáculos y proyectos creativos. 

La resonancia de los movimientos sociales y las causas en tiempos de covid-19

El impacto discursivo de la extrema derecha y de la brutalidad policial, y el protagonismo del movimiento Black Lives Matter, son temas que están en el radar de la producción cultural en este año 2020. Porque hay, por ejemplo, obras de teatro que se están haciendo al respecto (Portugal), o porque un fenómeno cultural queer deja de ser un tabú y logra convertirse en bandera de libertad (Chile) y, finalmente, porque un evento trasgresor como la champeta dentro de un teatro emblemático –transmitido por redes– desvela las tensiones racistas de la ciudad que vio nacer a este ritmo musical (Cartagena, Colombia). ¿Es la pandemia la responsable de que estas obras estén teniendo tanto impacto? ¿Son los canales de distribución de estos contenidos –que no necesariamente están pasando por las redes tradicionales pero se hacen su espacio y rompen con la circulación corporativa– una nueva forma de resistencia? Escribir sobre raza, exclusión y sexismo siempre resulta difícil, pero parece que en estos tiempos hay un activismo físico y virtual que está abriendo el debate y se están empezando a decir las cosas por su nombre. Una pandemia, entonces, como detonante para hablar de la libertad y el miedo.

Contar historias como remedio

En un tiempo de descreimiento universal por los liderazgos políticos y de una crisis de confianza en todas las instituciones, incluidos los medios de comunicación, es el momento de la recuperación en la credibilidad periodística a través de las buenas historias. Palabras empáticas, originales y sagaces listas para narrar el tiempo que vivimos y cómo ocurre el acto creador bajo estas circunstancias extremas. Contar historias sobre este malestar, lleno de fisuras y tensiones, como posibilidad y oportunidad. Desde lo individual como desde lo colectivo. También para denunciar y siendo ese ojo crítico capaz de relatar en tiempo real las transformaciones de un sector cultura golpeado y removido hasta su esencia. 

Las formas cambiaron

¿Cómo crear en medio del covid-19? ¿Cómo exhibir o presentar? ¿Cómo grabar? La producción cultural se vio seriamente afectada en este 2020, algo que transformará el sector de ahora en adelante. Si para el periodismo reportar esta mutación es un reto, para los creadores es el mayor desafío de sus vidas. Algunos lo lograrán, pero no será fácil sostenerse. 

La herida económica en la cultura

Financiación cultural: la apuesta estatal  

Vemos la relevancia de la cultura para los Estados cuando estudiamos los recursos que se le destinan en tiempos de dificultades. Durante la pandemia, mientras en Alemania se determinó la cultura como bien de primera necesidad, lo que implicó inyectarle dinero, en Bolivia cerraron el Ministerio de Cultura estableciendo la dicotomía de otorgarle su presupuesto a la salud. No obstante, ¿qué tanto pesa la financiación estatal del sector cultura en nuestros países? Esta difícil discusión retórica es necesario analizarla con datos en mano y con presupuestos comparados dentro de los países con respecto a las distintas carteras para no caer en discusiones maniqueas. Sirve, también, para señalar la lentitud de la toma de decisiones de los estados para lanzarle un salvavidas al sector.  

¿Crisis u oportunidad? 

Muchos creadores y compañías han asumido su crisis económica, si no la bancarrota, con originalidad, proponiendo nuevas formas de acercarse a los públicos, incluso si ello ha significado cambiar los formatos de las presentaciones. Muchos consumidores los han apoyado en estos experimentos. Pero la pregunta de fondo es si estamos dispuestos a pagar por la cultura para mantener al sector. En un momento en el que la necesidad de contenidos culturales se hace latente por la particularidad del confinamiento y el tiempo que ello significará para retomar las actividades grupales, este es un tema crucial. Se dice que nadie puede vivir de la poesía, pero que la gente muere por la falta de ella. Ello nos lleva al siguiente punto. 

La supervivencia de los escenarios culturales

Del sector cultura se dice que es resiliente, pero ¿hasta cuándo sobrevivirán las estrategias de los artistas cuando se acaben los pocos subsidios que han recibido? O cuando retorne una aparente normalidad –aunque no de los escenarios colectivos sobre los cuales están basados los espectáculos culturales– y el sentido solidario de los consumidores simplemente se agote. En un momento en donde las plataformas digitales son el presente, ¿cómo se monetiza esta experiencia? ¿Cómo se consiguen patrocinios culturales que invertían pero en eventos presenciales? Es el tiempo de las nuevas métricas y de los datos de consumo cultural detrás de la pantalla y que conectan a miles de personas, para volver a seducir a los financiadores de la cultura. 

El valor de la cultura y sus usos políticos y filosóficos

Para el universo cultural que la arena política mundial esté retomando en este momento de encierro discursos sobre la “mano negra” socialista o comunista y que se reafirmen valores de ultra derecha no le es algo ajeno ni extraño. De hecho, entender, criticar, satirizar o señalar las radicalidades retóricas del poder ha sido parte del ejercicio de la creación desde siempre. Asimismo, el crítico cultural es quien puede señalar con agudeza los intereses de uno y otro actor, así como desvelar los mecanismos de las nuevas colonizaciones que hoy navegan más allá de las fronteras nacionales y circulan a través de las grandes corporaciones. El artista es, además, quien, con sus gestos, reta al mercado, lo usa y le hace el quiebre, desequilibra e incomoda. 

Cuestiones de estructura

La metáfora

La imagen la produjeron dos grandes. Por un lado, Italo Calvino al enunciar que escribir es como el origen del universo. El proceso de expansión y descripción del cosmos es una buena manera de enunciar los problemas, ver su densidad y alcance, pero también hace indispensable fijar un foco de atención que permita centrar la pregunta del millón: ¿para qué estoy escribiendo esta historia? ¿A qué metáfora responde el relato? También lo señaló Ernest Hemingway con esta idea de que navegamos en un mar de información, pero que a la luz solo sobresale un fragmento muy pequeño de esta vastedad, a la manera de un iceberg. 

Un destino

Botar una flecha para trazar la trayectoria que debe seguir el texto, y así, evitar las distracciones de su objetivo. Se le debe esta claridad al lector, que sepa hacia donde lo queremos llevar. Y hay que hacerlo rápido. Para ello es necesario hacerle preguntas a ese destino buscado: para qué quiero llegar allá, cómo lo haré, con quiénes… y, así, contar las historias y acciones que sean necesarias para llegar a dicho lugar, pero sin cambiar la trayectoria definida. Si en el camino se debe subordinar una historia a la principal, y convertir en personaje secundario a uno que estaba más arriba en el escalafón emocional, no hay que dudarlo si ello permite seguir el curso del relato de una manera más contundente y clara. 

El collar y el sastre

Conectar las ideas y los párrafos de acuerdo al arco trazado. Tejer las transiciones para llegar al lugar elegido como si fuera un delicado collar de perlas, en un ejercicio de destreza, artesanía y finura que colme el hilo conectando una idea junto a la otra, armoniosamente. En este punto, la laboriosidad y el oficio de la observación marcarán la diferencia entre un texto memorable y otro que pasa sin pena ni gloria. La entrega paulatina de los detalles, la precisión de la mirada y del sentir, siempre respondiendo al objetivo del texto y la pertinencia de la información entregada, y no como un despliegue de virtuosidad, serán las claves del éxito de un escrito. También se debe poder describir la música y mostrar las imágenes que ya no se pueden ni oír ni ver. Es el momento de la potencia de la descripción. 

Sin frenos

En ocasiones una idea tiene tanta fuerza, tantas aristas y tantos tonos que bien merece la pena darle lugares distintos para que se explaye. Quizá un artículo periodístico, o un ensayo, o una novela corta, pueden ser sus destinos. Para definir ese lugar es importante volver a la esencia del impulso: ¿qué conduce mi escritura? ¿Qué necesito responderme? Estas respuestas harán que se encuentren los espacios adecuados para desarrollar la idea. 

Las formas sí importan

El medio y sus singularidades

Así como las pinturas religiosas fueron la forma de evangelizar a los pueblos durante siglos, el meme hoy le habla a la gente con sus códigos visuales y narrativos, algunos universales, otros plenamente locales. Así mismo, los neologismos que se inventan en el Whatsapp o la vida propia que tiene Tik Tok. La poesía, claro, es otra escritura con ritmo propio. El reto periodístico es integrar esas formas dentro de la narrativa del texto construido, así como combinar adecuadamente la ‘alta cultura’ y la ‘cultura pop’, y tener la plena conciencia del uso adecuado y pertinente del lenguaje en cuestión para inyectarle vida y cadencia, ritmo y humor, melancolía cuando se necesite. 

¿Yo, yo, yo, tú?

¿Para qué necesito las voces que estoy incluyendo en el relato? ¿Le aportan o desvían el propósito de la historia? Definir con claridad a qué fuentes recurrir es esencial para el buen desarrollo del texto. También, la decisión de meterse dentro de la narración. ¿Cuándo es realmente necesario hacerlo? Cuando, por ejemplo, la experiencia íntima sirve para explorar el sentimiento general de soledad, de necesidad de refugio o de escape, en tiempos de pandemia. Para narrar tensiones interiores que, de otra forma, se hace difícil enunciar a través de un tercero. Cuando, también, la subjetividad del narrador se vio trastornada por el momento de pandemia que está viviendo y dicha modificación en la percepción se convierte en la experiencia misma a contar o como condicionante para contar. 

Zancadillas útiles

Dudar de todo lo que se escribe, cuestionarse sobre lo que está contando, sobre su veracidad y densidad, desenamorarse de sus propias ideas y alejarse de sus principios y prejuicios. Preguntarse si el uso de una imagen u otra es realmente necesario o es, por el contrario, un capricho. Hacer como si un editor le estuviera preguntando por cada una de las ideas que está desarrollando, poniéndolo a prueba. Todo, con el fin de ver la solidez de la historia, su arco, las derivas y sus personajes. 

Glocal

Abrir el mundo

Nada como el contexto para situar una historia. Si bien hay problemas esenciales –globales– que permiten que la gente, no importa de donde venga, se identifique con un relato, hay localismos que se hace necesario describir si se quiere llegar a nuevas audiencias. La meta: ser tan global como local, que una historia mínima permita que la gente de orígenes y perfiles disímiles, se sienta descubierta, entendida. Para ello, nunca dar por sentado que la gente sabe de qué se está hablando, darle pistas y herramientas suficientes para que entienda los guiños de un dicho local, sin describirlo o sobresimplificar su ironía.

Lo único

Identificar cuándo una expresión es propia o única –la nacionalidad y sus peculiaridades, por ejemplo– y explotarla narrativamente. ¿Qué hace a un uruguayo uruguayo o a un mexicano mexicano? Qué características tiene y cuáles son sus modismos, sus formas, su humor, sus complejos, sus excesos, sus historias, todos estos datos que pueden enriquecer una narración y darle color y puertas de entrada a un lector para descubrir un mundo. También, claro, cuando un personaje es excepcional y haya que contarlo. 

A quién le hablo

De las respuestas a las anteriores preguntas deriva la definición de la audiencia del texto proyectado. ¿Para quién es? De acuerdo al este alcance las preguntas sobre la forma, el tono y el medio para la publicación del texto varían. No obstante, un artículo que dé contexto de una manera generosa, siempre podrá interesar a públicos distintos e inimaginados.  

Pequeña bibliografía pandémica

  • Italo Calvino: Seis propuestas para el nuevo milenio; sobre la inmensidad del mundo de las ideas, como el origen del universo, y que nos lleva a ir acotando para descubrir qué es lo que queremos contar.
  • Franz Kafka: La metamorfosis; amanecer, de un día para el otro, siendo alguien distinto.
  • Mary Shelley: Frankenstein; esta historia nació durante un verano en el que la autora, su esposo y unos amigos se encerraron en una casa en Suiza. Allí nació este monstruo como uno de los relatos fundacionales de la ciencia ficción.  
  • Giovanni Boccaccio: El Decameron; en tiempos de peste en el siglo XIV, un grupo de personas se encierran en un castillo para resguardarse de la plaga y para escribir sobre el confinamiento. 
  • Daniel Defoe: Diario del año de la peste; fue escrito en 1722 y cuenta la historia imaginaria de un hombre padeciendo una plaga en Londres en 1665. 
  • James Joyce: Ulises; es la consagración de la idea del viaje y el manejo del tiempo y el espacio. 
  • H.G. Wells: El país de los ciegos; sobre el encuentro de un mundo que vive con otras reglas. 
  • Jean Genet: El funámbulo; para adentrarse en las preguntas profundas acerca de la soledad y la muerte.
  • La Biblia: para analizar su compleja estructura, pero a que a fin de cuentas sigue hilo narrativo tradicional de comienzo, desarrollo y fin.
  • Gustave Flaubert: Cartas a Louise Colet; para ver la arquitectura de una novela y aprender sobre los personajes y ver cómo se construye la estructura de un texto.
  • Blaise Pascal: el sentido de las palabras que rondan nuestras cabeza, cómo encontrar sus fuerzas opuestas, cómo resuelvo mis debates interiores que le dan tensión y drama a mis ideas, cómo les doy sentido.
  • Guy Talese: Sinatra está resfriado; un perfil majestuoso sin haber hablado con el protagonista.
  • Joseph Lelyveld: A Stranger in Philadelphia; llegar a un lugar extraño sabiéndose ignorante y aprendiendo de quien tienes al frente tuyo.
  • James Balwin: por la relevancia y agudeza de su discurso alrededor del racismo. 
  • Lídia Jorge: por su sutileza y sentido de la política.
  • Margaret Atwood: por su manera apocalíptica de describir el entorno de una sociedad. 
  • The Paris Review: para leer excelentes entrevistas. 
  • José Clemente Orozco: una referencia visual: el mural La épica de la civilización americana (1932-1934) en el Darmouth College, en New Hampshire, Estados Unidos. Por su capacidad narrativa y secuencialidad desde el dibujo como otra manera de entender las estructuras narrativas.

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